
Diciembre 2017.
| S |
Inceramente, mis recuerdos de aquel día son casi inexistentes.
Los bloqueé y aislé, porque no necesito recordarlos.
Creo que fue uno o dos días después de que internaron a Onasis en el hospital. Solo estaban conmigo Cameron y Bethanny. Él había salido a comprar bebidas, yo estaba antojada, muy antojada de beber zumo de naranja, y, desgraciadamente, no lo vendían en el cafetín del hospital.
Yo estaba sentada junto a la cama de Ona, que dormía profundamente gracias a unos sedantes que le acababan de suministrar. Estaba de frente a ella y tenía mis brazos y mi cara sobre la cama. Bethanny estaba sentada junto a la pared detrás de mí. Viendo televisión.
Me estaba quedando dormida, cerraba los ojos lentamente, pues no quería dormir. Era temprano y tenía que esperar a Cameron.
-Bethanny, quita eso- susurré. La televisión tenía el volumen algo alto y estaban pasando una película de acción. Tan ruidosa como fastidiosa- Bethanny- repetí. Como no recibí respuesta, alcé la mirada y vi que Bethanny estaba dormida con el control en la mano.
Me levanté, lo tomé y apagué la televisión. Con la mano, me doblé el cuello suavemente de lado a lado y apreté los ojos.
Entré al baño y me mojé la cara para despertarme. Me miré en el espejo y peiné mi cabello.
En mi vientre, Adrián se movía, inquieto. Puse mi mano sobre él para darle seguridad, para que supiera que yo estaba con él, y que estaba tan cansada como él. Pero no funcionó.
Me quedé allí, viéndome al espejo. Cuando sentí que dentro de mi vientre, unas largas y afiladas uñas me rasgaban con todas sus fuerzas. Como no era la primera vez que me pasaba, lo ignoré, mojé mis manos con agua tibia y mojé mi vientre.
Mi vista comenzó a nublarse y me di cuenta de que estaba a punto de desmayarme. Cientos de pequeñas motitas negras aparecieron por todos lados y sentí que iba a morir.
-Bethanny- Susurré. A punto de caerme, respirando para no desmayarme, logré proferir un pequeño grito excesivamente débil- ¡Bethanny!-
-¡Samantha!- Escuché como Bethanny se levantaba para buscarme y me dejé llevar.
Vi mis pies y todo estaba oscuro, no podía ver absolutamente nada. Ni mi inmenso vientre, ni mi cuerpo, ni mis manos. Nada.
Alcé la mirada e intenté ubicarme, pero no había nada.
Todo a mi alrededor se tornó vinotinto, del color de la sangre, y el olor de ella comenzó a marearme.
-¿Estará bien?- Decía alguien a lo lejos.
Una voz suave, un susurro, como si viniera desde dentro de mi cabeza.
Busqué por todos lados, intentando descubrir de dónde venía aquella voz, pero no había nada.
-Oh, Dios mío-
Alguien lloraba, me toqué las mejillas, no, no era yo.
Miré de nuevo el suelo y vi que había alguien tirado boca abajo. Muerto. Lleno de sangre por todos lados. Su corazón no latía, no respiraba, nada.
-No creo que pueda soportarlo una vez más-
Una vez más, una vez más.
Me agaché para ver quién era, quizá era él quien hablaba. Pero no podía. Estaba muerto.
Alguien cerca de mí seguía llorando, pero no era yo, no. ¿Quién hablaba? ¿De dónde venía? ¿Dónde demonios estaba?
Reconocí el cabello y quise echarme a llorar. Le di vuelta. Era Cameron. Mi Cameron estaba muerto.
-Tiene que descansar, cuando despierte…querrá seguir dormida…-
Abrí los ojos lentamente, estaba en una cama de hospital. El techo estaba totalmente blanco, vacío y limpio. No podía pensar, me habían inyectado sedantes y todavía no había despertado del todo. Tomé aire y proferí un leve gemido. Sentí que alguien a mi lado se movía bruscamente.
-¿Samantha?- Bethanny estaba a mi lado, con su mano apretando la mía. Luché por liberarla y ella cedió.
Apreté los ojos e, instintivamente, puse mi mano sobre mi vientre.
Pero no había nada.
-¿Bethanny?- Logré decir.
-¿Si?-
-¿Estoy dormida?- Ella gimió levemente.
Quería asegurarme de que no estaba soñando, o de que no me estaba volviendo loca.
-No cariño-
Apreté más los ojos y comencé a llorar.
Adrián, no, mi Adrián no. No mi Joel Adrián.
-Cameron- Susurré.
Alguien se levantó bruscamente no muy lejos y corrió hacia mí. Sostuvo mi mano y besó mi frente, el olor de su aliento y de su piel me fueron totalmente conocidas, y me sentí mejor.
La voz en mi cabeza tenía razón, quería seguir dormida.
-Ven-
-Aquí estoy cielo, aquí estoy-
-Ven- repetí. Intenté moverme a un lado para que se acostara junto a mí.
El suspiró y se acostó a mi lado, me abrazó y puso su mano sobre mi vientre vacío. Más por costumbre que por otra cosa.
Me estaba mirando a los ojos, lo sabía, lo sentía, a pesar de que tenía los míos cerrados.
-Shh, todo estará bien cariño, no llores-
Abrí los ojos y miré los suyos. Verdes, muy verdes. Él no estaba bien, lo sabía. Él amaba tanto a Adrián como yo. Ambos lo habíamos perdido.
Justo como habíamos perdido a Saria.
-¿Por qué?- Me limité a preguntar.
-No lo sé cielo. No lo sé-
Y comenzó a llorar…
-Es que no lo entiendo-
Todo estaba totalmente oscuro. De nuevo.
-Ella es fuerte, lo soportará- Las voces sonaban como susurros que el viento traía y se llevaba.
-¡Mami!-
Aquella voz no venía de mi cabeza, alguien había gritado. Era un grito de felicidad.
Comencé a buscar y vi, detrás de mí, como a dos o tres metros lejos de mí, estaba una pequeña niña, de unos ocho años. Con hermosos cabellos lisos del color de la noche y ojos grises como la luna. Era hermosa.
Era mi Saria,
-Saria- Dije, casi en un susurro. Me agaché con los brazos abiertos y las lágrimas brotando de mis ojos, mientras mi pequeña niña corría hacia mí con una enorme sonrisa en su rostro.
-¡Mami!-
Sentí que corrió por horas, interminables horas. Hasta que por fin llegó hasta mí y me abrazó. Cuando la tuve en mis brazos hundí mi rostro en su cabello, sosteniendo su cabeza entre mis manos.
-Mi niña, mi niña. Mi Saria. Estás aquí-
Su cabello olía a lavanda, un suave y delicado olor a lavanda que me encantaba.
Tomé su rostro entre mis manos y la miré. Me sonrió, sus ojos brillaban mucho, como los de Cameron.
Recordé a Adrián, recordé a mi bebé y comencé a llorar. Porque todo era solo un sueño.
-Adrián- Susurré. Todavía con su rostro entre mis manos.
-Está bien mami, está conmigo-
-¿Qué?-
-Adrián está conmigo mami-
Intenté sonreír pero sólo logré llorar aún más.
<<Él está conmigo>>
Abrí los ojos, la sonrisa de Cameron me dio la bienvenida a la cruda realidad. Le devolví la sonrisa y miré mi vientre.
Adrián no estaba allí.
Apreté los ojos. Luchando por no llorar.
A pesar de que algo dentro de mí se sentía aliviado, tranquilo y feliz. Porque mi Saria me había dicho que Adrián estaba con ella, y, aunque sabía que no había sido más que un sueño, algo me decía que ambos estaban bien.
Y juntos.
-Sam…- Abrí los ojos y lo miré – Todo estará bien-
-Sí, lo sé- Volví a la realidad menos forzada y abrí los ojos de par en par- Onasis-
-Ella está bien cariño, está con Bethanny-
-Necesito verla-
-No puedes-
Necesitaba a mi hermanita. La necesitaba, necesitaba abrazarla y darle a ella todo el amor que había reservado para mis dos hijitos no-natos. Lloré y me acomodé para poner mi rostro cerca de Cameron para que el me abrazara.
-¿Sam?- La vocecita de mi hermana llegó a mis oídos justo a tiempo.
Mi pequeña niña estaba en el umbral de la puerta de mi habitación junto a Bethanny, con el cabello suelto y la pollina sobre la frente, la bata del hospital, y el peluche de pingüino gigante que le había regalado bajo el brazo. Parecía preocupada, con algo de sueño y un poco turbada.
Mi relicario, el relicario que yo le había regalado estaba colgando de su cuello, brillando.
-Ona, ven aquí- dije, abriendo las manos.
-¿Qué haces aquí? ¿Estás enferma?-
Miré a Bethanny y supe que ella esperaba que yo quisiera ser quien se lo explicara. Y así hice.
-No cielo, no. Estoy bien-
-Entonces ¿qué haces…?- Miró mi vientre y abrió los ojos de par en par, con una sonrisa atorada en su carita- ¿Dónde está Adrián?-
Suspiré e hice que se sentara junto a mí en la cama.
-Ona…Recuerdas a Saria, ¿verdad?- Asintió bruscamente, como si fuera imposible olvidarse de ella- ¿Recuerdas que te dije que Saria estaba ahora con mamá y tía Rachel?-
-¿Está Adrián con ellas?-
-Sí cariño-
-¿Por qué?-
-No lo sé cielo…-
-Pero, ¿volverá?-
-No Ona-
-Entonces…¿No tendré sobrinos nunca más?- Me sorprendí al escucharla decir esa palabra, no sabía si quiera que ella supiera que mis hijos serían sus sobrinos.
-No lo sé cariño-
Suspiró y puso su manito sobre mi vientre vacío
-¿Te duele?- Negué con la cabeza y ella puso su cabeza sobre mi vientre.
Acaricié sus cabellos mientras Cameron y Bethanny nos veían cada uno desde su lugar, con lágrimas en los ojos y una tierna sonrisa.
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