| E |
staba demasiado confundida. Actuaba por intuición, o quizá sólo estaba volviéndome loca.
Metía las cosas en mi maleta rosa, una a una.
-¿Samantha?-
-¿Qué?-
-¿Estás bien?-
-Sí-
-Quiero que sepas lo mucho que esto significa para mí, además…-
-Está bien- dije, interrumpiéndola.
-Pero…-
-Está bien-
-Si me necesitas estaré abajo- Yo me limité a asentir.
Yo iba a dejarlo todo atrás. A Cameron, que estaba totalmente seguro de que me vería y abrazaría al llegar. A mi familia, a mi vida. Y todo por Bethanny.
Mientras más lo pensaba, menos me gustaba la idea. Pero luego la veía y recordaba su mirada cuando me dijo que me amaba. Parecía tan lejano, pero lograba recordarlo tan perfectamente.
Yo no iba a huir, no iba a ser para siempre. Me aseguraría de volver, algún día volvería. Aunque ya Cameron no me aceptara, tenía que volver. Un año, dos años, diez. No me importaba.
Me sorprendí a mí misma temblando. No suelo ser tan espontánea, normalmente me tomo mi tiempo para pensar las cosas, o las cosas llegan de manera lenta, y no tengo que tomar las decisiones de manera tan drástica y rápida.
Pero esta vez lo hice, y comenzaba a arrepentirme.
Toqué mi vientre.
Adrián…
-Samantha- Perfecto, en el momento exacto para no dejarme dar marcha atrás.
-¿Qué?-
-Son las tres, en un par de horas llegará Cameron, creo que es hora de irnos-
-Sí, tienes razón, bajaré en un momento-
Respiré y tomé la nota que estaba bajo mi almohada. La nota que había escrito para Cameron diciéndole que me había ido a pasar unos días con Bethanny, diciendo excusas estúpidas y vagas, yendo y viniendo, totalmente indecisa. Sabía que Cameron se iba a dar cuenta de la gran mentira y se molestaría, me odiaría y se aseguraría de hacérmelo saber. Y eso no iba a gustarme a mí.
¿Pero qué demonios estaba haciendo?
Iba a dejar a Cameron por una estúpida aventura con Bethanny. ¿Por qué? ¿En serio quería hacerlo?
Me senté en la cama y cerré los ojos.
Quiero hacerlo. La amo, la necesito y ella me necesita. Cameron estará bien, siempre me espera, me volverá a esperar. Él nunca me va a dejar, y sabe que volveré, siempre lo hago. Siempre vuelvo. Siempre vuelvo. Siempre lo amaré, siempre me amará. Pero también amo a Bethanny y es hora de que se lo demuestre. Vale la pena perderme un tiempo con ella, así Cameron me deje luego. Sí, no, sí, no….Sí, no….Sí. Sí.
Dejé la nota sobre la almohada de Cameron y bajé.
-¿Puedes por favor buscar mi maleta? Está pesada y no puedo…-
-Claro- Dijo, con una inmensa sonrisa en su rostro.
-Sam, ¿a dónde vamos?- Preguntó Ona, con sus maletitas en sus manos.
-Iremos de vacaciones cariño-
-¿Vacaciones? ¿A dónde?-
-No lo sé-
-¿Y Cameron?-
-Vendrá luego-
-¿Por qué?-
Comenzaba a frustrarme, no sabía que responderle.
-Listo chicas, andando- Dijo Bethanny bajando las escaleras. Justo a tiempo.
-¿Bethanny? ¿Cómo nos iremos?-
-Oh, tengo la camioneta de mi madre. Me la regaló hace un par de meses pero decidí dejarla en casa-
-¿Ha sido tuya todo este tiempo?- Ella asintió.
Al entrar, ella suspiró y tomó mi rostro en su mano.
-Si no quieres hacerlo no debes hacerlo-
-Sí, sí quiero hacerlo-
-¿Entonces por qué lloras?- Demonios.
-Nada, vámonos-
-¿Estás segura?-
-Sí-
-Samantha…-
-¡Demonios Bethanny arranca!-
Y así hizo…
No lo hagas. No. No lo hagas. No
No manejó por mucho rato, pero sí llegó hasta un lugar al que yo jamás había ido. Era hermoso, bastante pintoresco. Con muchos arbustos y pocas casas.
-¿Qué es todo esto?- Pregunté.
-Mi casa-
-¿Tu qué?-
-Bueno, algo así. Es de Eibhlin, pero ahora que está en Madrid, me la dejó por un tiempo-
Sinceramente no sé por qué estaba tan indecisa o tan confundida con todo esto. No había nada malo, ¿o sí? Yo iba a volver pronto ¿verdad? No había nada malo en quedarme un par de días con Bethanny ¿Cierto?
No, no era cierto. Y yo lo sabía, era traición, yo iba a traicionar a Cameron. De nuevo. Y con la misma mujer con que lo había traicionado años atrás.
Bethanny.
¿Por qué tenía la sensación de que no volvería a ver a Cameron?
Sentí pánico, mucho pánico.
¿Y si no volvía a verlo? ¿Y si se molestaba? ¿Y si querría divorciarse?
No, no podía hacerlo, el…yo…
-Ven, Sam, ¡Mira! ¡Mariposas!- Onasis corrió al patio delantero de la casa y comenzó a saltar, intentando atrapar a las mariposas.
-No estás bien- Susurró Bethanny detrás de mí.
-¿Qué? Claro que sí, ven, entremos-
La casa era hermosa. De dos pisos, y muy amplia.
Tenía paredes de un suave color amarillo y pisos de madera. Las paredes estaban casi vacías. Habían muebles blancos, una pequeña mesa de vidrio, un bar con bebidas, copas y vasos. Y un par de pasillos que daban a otras habitaciones.
Se veía a leguas que allí vivía un hombre. Pero también se notaba que el hombre que vivía allí era refinado y con muy buen gusto. Era obvio que esa era la casa de Eibhlin.
-Nada mal- Bethanny rió por lo bajo.-¿Dónde…?-
-Por allí, a la izquierda. Eibhlin tiene el piso de arriba cerrado con llave, dice que allí están sus cosas. Me dejó la llave, pero me dijo que usáramos las habitaciones de abajo. Son suficientes para las tres-
Mi habitación estaba muy bien decorada, con paredes de color lila y cuadros hermosos con pequeñas niñas y arlequines muy dulces.
Tenía un baño particular y una gran ventana que daba al patio lateral con cortinas color púrpura.
-Esta es mi habitación. Eibhlin la decoró especialmente para mí-
-¿En serio?- Asintió, casi orgullosa por un logro ajeno.
-Iré a mostrarle su habitación a Ona- Yo le sonreí.
Me senté en el borde de la cama y pensé en Cameron.
-Sam, ¿por qué lloras?- Ona corrió a mis brazos y me abrazó.
Bethanny estaba parada en la puerta, apoyada en el marco. Mirándome, algo triste.
-No pasa nada cariño, estoy bien-
-¿Segura?- Asentí.
Sed.
Una oleada de sed me mareó. Toda la sed que había contenido me embriagó por un momento.
-¿Samantha?-
-Onasis, ve a tu cuarto- logré decir.
Estaba mareada, sabía que si no bebía sangre pronto algo malo iba a suceder. Estaba temblando, sudaba, y sentía que me iba a volver loca.
-¡Samantha!-
La miré, estaba asustada, me miraba y se aferraba al marco de la puerta, con miedo a que yo hiciera algo realmente malo.
-¡Samantha!- Gritó, desesperada.
Me lancé sobre ella, acercando nuestros rostros tan cerca que nuestras narices se tocaban. Ella apretó los ojos, tenía miedo, podía sentirlo.
La besé desesperadamente y la arrastré al baño, nos encerré y la acorralé contra una pared. Besándola una vez más, cada vez con más sed.
Sangre.
Estaba tan desesperada que la besaba casi con locura, podía sentir que a ella no le importaba, le encantaba que la besara, y sabía que yo iba a morderla.
Así que lo hice. Acerqué mis labios a su cuello y la mordí.
Ella gimió, y puse mis dedos sobre su boca, para que no gritara, en caso de que Onasis estuviera cerca.
El excitante sabor a hierro me llegó hasta la cabeza. Ya no estaba tan mareada. Y el dulce sabor a uvas que Bethanny tenía hasta en su propia sangre era increíblemente adictiva.
-Samantha…- Susurró, débil. Yo sólo bebía su sangre, aunque sabía que debía parar, no podía- Sam…Sam…Samantha, ¡Samantha!-
Me despegué de su cuello y respiré. Bethanny estaba pálida y le costaba respirar. Demonios, había bebido demasiado.
Calló al piso como si no tuviera vida, o alma. Yo estaba temblando, casi lloraba.
-Beth, cariño, respira anda, tranquila. Ven, tienes que levantarte, no puedo cargarte cariño, por favor-
-Sam…-
-Shh, tranquila, quédate aquí, iré por agua-
Corrí como pude a la cocina y busqué toda una jarra de agua fría, le di en un vaso y le mojé el rostro con la mano. En cuanto pudo, la ayudé a acostarse en la cama y me quedé a su lado por un rato, hasta que el color volvió lentamente a su rostro.
-Sam, ¿qué le pasa a tía Bethanny?-
-Está dormida Ona-
-¿Puedo ir a jugar afuera?- Asentí y ella corrió.
Besé su rostro sudado, frágil, yo le había hecho mucho daño.
-Lo lamento cariño, lo lamento tanto, no debí…lo lamento-
-Sam…-
-Shh, tranquila, Duerme-
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada