
Enero 2017.
| -¿Q |
ué sucede?- Preguntó Bethanny corriendo hasta llegar a mi lado.
-Vete, sal con Onasis, llévatela. ¡Ya!-
Bethanny me miró, asustada.
-¿Está todo bien?-
-¡YA!- Abrió los ojos y caminó hacia atrás hasta desaparecer de mi vista. No me volteé hasta que hubo salido de la casa con Ona.
La miré. Se veía joven, hermosa, brillante. Como la última vez que la había visto, hace tantos años…
-Tú estás muerta-
-Sam- Con lágrimas en los ojos. Mi madre me abrazó, apretándome los brazos a los costados de mi cuerpo.
Al separarse, la miré, atónita. ¡Pero si ella estaba muerta! ¡Yo había estado ahí, en su funeral, cuando habían enterrado su cuerpo sin vida!
Pero era ella, lo sabía, era como si el tiempo no hubiera pasado para ella. Estaba tan hermosa como la recordaba, sus ojos brillaban y su maquillaje se había corrido por las inmensas lágrimas que caían de sus ojos.
-Soy yo Sam, soy yo-
-¿Mamá?- La palabra surgió de mi boca por instinto. No, ella no era mi madre. Era una mujer que me había dejado sola toda mi vida. Ella no era nada.
-Sí Sam, soy yo-
Volvió a abrazarme, llorando sobre mi hombro. Miré al hombre detrás de ella, que sonreía y me veía a los ojos, como tratando de leer mis pensamientos.
-Tú estás muerta- Repetí, casi mecánicamente-
-No Sam, estoy aquí, mírame- Tomó mi mano y la puso sobre su mejilla – Soy yo Sam, soy mamá. Mírame-
La miré a los ojos y parpadeé. Sí, era ella. Era mi madre.
Alcé la mano y la abofeteé con todas las fuerzas que mi reciente estado de Shock me permitió.
Abrió la boca y puso los ojos como platos. Mientras que el hombre tras ella nos miraba alternamente a las dos, sin saber qué hacer.
-¿Cómo pudiste?- Las lágrimas comenzaban a caer sin piedad por mis mejillas -¿Cómo?-
Sin esperar respuesta, di media vuelta y subí a mi habitación casi corriendo, cerré la puerta con toda la fuerza de mis brazos, apoyé mi espalda en ella y me dejé caer en el piso.
Lloré. Lloré hasta que ya no podía respirar. Lloré y grité, sin importarme que me escucharan.
Toda mi vida había sido una mentira…
-¿Sam?- tocó la puerta, yo me levanté y abrí. -¿Podemos hablar?-
-¿De qué quieres hablar? ¿De cómo nos dejaste a mí y a Onasis fingiendo estar muerta? No, no puedes irte por tantos años y esperar que al volver todo siga siendo lo mismo-
-Lo se cariño, créeme que me duele verte así Sammy, me duele muchísimo-
-¡Pues no parece! Toda mi vida pensé que estabas muerta. Y luego murió tía Rachel… ¿Lo sabías? ¿Es que acaso no te dolió? ¿Cómo pudiste no ir a su funeral? ¿Cómo demonios pudiste seguir donde sea que estabas mientras nosotras crecíamos sin madre?-
-Sí Samantha, me dolió, me dolió muchísimo. Y sí, estuve allí, estuve en su funeral Sam. Pero estuve lejos. No tienes ni idea de las ganas que tenía de correr y abrazarte, pero simplemente no podía… No podía Sam-
Yo luchaba por no llorar, por contener las lágrimas y concentrarme en la rabia que sentía por dentro.
-Tú no eres mi madre-
Me levanté y bajé las escaleras con mi madre pisándome los talones.
-Samantha, cariño por favor, escúchame-
Abrí la puerta de la calle y vi que Bethanny estaba agachada frente a Onasis mientras que ésta pataleaba.
-Onasis, entra y ve a tu cuarto-
-¡Sam!- Corrió hacia mí y me abrazó las piernas- Tía Bethanny no quería dejarme entrar y…-
-Entra y ve a tu cuarto-
Bajó la cabeza y al caminar, tropezó con mi madre. Ésta la vio y sus ojos brillaron, estuvo a punto de agacharse para abrazarla pero de un pequeño jalón hice a Onasis hacia atrás y miré a los ojos a mi madre. Desafiándola.
-¿Quién es ella Sam?- preguntó mi hermanita.
-Nadie. Sube-
-Pero…-
-Hazlo- Asintió y obedeció.
Agradecí que Onasis supiera cuando callar y obedecer. Y me encantó ser yo quien tenía el mérito de aquello. No ella, no mi madre.
Mi madre la siguió con la mirada, con las lágrimas a flor de piel.
-Que ni se te ocurra- Dije, aún mirándola con rudeza.
-Samantha yo…- Bethanny apareció a mi lado y se detuvo al ver a mi madre. Ella no la conocía, pero la había visto en mis álbumes de fotos y yo le había hablado muchísimo sobre ella. Movía la boca, articulando las palabras, aunque ningún sonido salía de su boca.
-Ve con Ona- Asintió y corrió escaleras arriba. Yo me senté en el mueble.
El hombre que estaba con mi madre, se paró en el umbral de la cocina, mirándome. Yo lo miré y luego vi a mi madre, esperando.
-Oh, cariño, él es Damián-
-Enchantée- Dijo, haciendo una pequeña reverencia con la cabeza. Yo le sonreí. Tengo que admitir que su acento italiano era perfectamente seductor.
Mi madre se sentó frente a mí y me miró.
-¿Por qué lo hiciste?-
-Tuve que hacerlo-
-No es eso lo que te pregunté- Tragó saliva.
-Hice algo…-
-Me imagino…-
-¡Déjame terminar!- Alcé una ceja y se encogió- Sam yo… yo le fui infiel a tu padre- Alcé las cejas y la mirada se me fue magnéticamente al tal Damián, que se encogió de hombros y negó con la cabeza –No Samantha, él no-
Abrí los ojos de par en par. No, esa mujer no era mi madre.
-Onasis no es hija de mi padre, ¿cierto?- Negó con la cabeza y la mirada baja. Suspiré. Preferí no gritarle e insultarla. Onasis podría escucharme.
-Te he extrañado muchísimo Sam-
-No tengo dudas sobre eso- Dije, expirando sarcasmo. Dudó.
Damián era alto, quizá un poco más alto que Cameron. Tenía el cabello negro, algo corto y levantado adelante. Un poco de barba bajo su barbilla y bajo el labio inferior. Unos labios perfectamente definidos y una sonrisa encantadora. Era robusto, La camisa negra de cuello en V le quedaba ajustada y definía delicadamente sus brazos y su ancho torso. Tenía la piel tostada, como si viviera en un lugar muy soleado.
A diferencia de mi madre. Que tenía la piel tan pálida como yo y el cabello negro y liso caía suavemente hasta su cintura. Mi madre era hermosa, siempre lo había sido. Tenía los ojos totalmente negros, como yo, una figura casi perfecta y la delicadeza de una pluma.
Onasis y yo nos parecíamos demasiado a ella, pero mi hermanita tenía la piel más morena.
-¿Dónde?…¿Dónde está Cameron?-
-No lo sé-
-¿Pasó algo?- Suspiré. No quería contarle mi vida a ella. Mucho menos con Damián al frente.
-No, no pasó nada- Ambos me vieron, sabían que yo estaba mintiendo pero ignoré eso y me levanté.
-¿Piensas quedarte?- Levanté la barbilla y volví a colocarme mi máscara de odio.
-Yo…yo…-
Mi madre, no había cambiado nada…Seguía siendo tan distraída, retraída y miedosa como siempre.
-¿Y tú?- Miré a Damián, suavizando un poco mi mirada. Se encogió de hombros.
-Le diré a Bethanny que les traiga lo que necesitan para que se acomoden en su cuarto-
-¿Es tu ama de llaves?-
-No-
Ambos se quedaron algo sorprendidos. No sé por qué.
-¿Qué? ¿Van a quedarse?-
-No puedo decirles que no. ¿Dónde demonios está Cameron?-
Bethanny estaba parada en el umbral de mi cuarto, con la puerta cerrada. Mientras que Ona estaba sentada sobre mi cama, viéndome caminar de un lado a otro ansiosa.
-¿Dormirán en mi cuarto?-
-¿Tienes una mejor idea? ¡Demonios!- Abrí los ojos de par en par- Quizá, sólo quizá…- Dejé la frase en el aire cuando levanté la almohada y vi que mi carta estaba allí, intacta.
-Cameron no ha venido- dije.
-¿Sam?- dijo Ona, algo nerviosa. La miré y se encogió- ¿Quiénes son ellos?-
¡Genial! Ahora tenía que explicarle a mi hermanita que nuestra madre no estaba muerta. ¡Genial!
-Ahora vuelvo-
Caminé furiosa por el pasillo hasta llegar a la habitación de Bethanny, donde estaban ambos acomodando la habitación. Sabía que estaban escuchando nuestra conversación, con su experiencia podían escuchar una conversación a un kilómetro de distancia.
-¿Estás feliz?- Dije, lanzando la puerta tras de mí.
Mi madre apretó los labios. Sabía muy bien de lo que estaba hablando. Yo odiaba dejar a mi hermanita con dudas, me encantaba explicarle absolutamente todo. Y esta vez no lo había hecho.
-¿Qué crees que voy a decirle? ¿Cómo demonios voy a explicárselo?-
-Déjame hablar con ella- Dijo, casi suplicante.
-No-
Me quedé parada en seco y miré al frente sin parpadear para mover mi mirada hasta Damián.
Me veía con algo de miedo y expectativa. Sabía que estaba muy interesado en verme resolver todo esto. Por alguna razón yo le parecía interesante. Lo sabía.
Me sonrió y me hizo sentir realmente bien. Me sonrió transmitiéndome tanta confianza que me sentí capaz de poder explicárselo todo a Ona. Tenía una hermosa sonrisa, cuando asintió ligeramente con la cabeza, supe que podía. Y lo haría.
Caminé hasta mi habitación, me senté junto a mi hermanita y tomé sus manitos. Sonriéndole como Damián me había sonreído a mí.
Bethanny se agachó frente a nosotras. Y vi que Damián y mi madre se pararon en la puerta de la habitación.
-Ona. ¿Recuerdas cuándo estabas pintando en tu habitación y Bethanny accidentalmente tropezó tu pincel y te hizo cometer un error en tu dibujo?-
-Sí, tía Bethanny se disculpó y me ayudó a limpiar y a hacer un dibujo nuevo- Dijo, sonriendo.
-Bueno, a veces, la gente comete errores así por accidente. Y a veces, pasan cosas muy malas por un simple accidente- esperé y suspiré- Bueno, ¿recuerdas que te dije que mamá había muerto cuando tú naciste?-
-Sí Sam, me dijiste que ella estaba conmigo, y que estaba siempre en una esquina de la habitación, mirándonos a ambas. Con tía Rachel, Saria y Adrián-
Dijo esto con una sonrisa triunfal y la barbilla bien alta. Demostrando lo orgullosa que se sentía por poder responder aquello frente a esos dos extraños. Por un segundo vio a nuestra madre, me vio a mí y volvió a sonreír, como si hubiera querido asegurarse de que ella la estaba escuchando.
Lo más irónico de todo, es que esta vez, mamá no estaba en una esquina, sino en la puerta de la habitación.
Sentí como mamá luchaba por contener las lágrimas, y sostenía la mano de Damián entre la suya, tragando saliva con dificultad.
Miré a Damián y volvió a sonreírme. Me parecía increíble lo bien que me sentía cuando me sonreía.
-¿Qué pasa Sam?- preguntó Ona. Ansiosa.
-Cariño. Hay algo que debo decirte, y se que me vas a entender. Porque eres una niña grande y muy pero muy inteligente- Dije eso para alimentar su ego y ayudarla a entenderlo todo. Siempre me funcionaba, además, yo si la consideraba lo suficientemente grande e inteligente para entenderlo- Nuestra madre, mamá…Mamá no está muerta Ona-
-¿Y dónde está?- Tragué saliva y miré a mi madre. Ona siguió mi vista y luego me miró- ¿Es ella?-
-Sí Ona, es ella-
Mi madre lloraba y veía a Onasis con los ojos brillantes y una mano en la boca para sofocar los pequeños gemidos.
Para mi sorpresa, Onasis me volvió a mirar a mí, y, sin inmutarse, siguió hablando, sin darle importancia al hecho de que tenía a su madre en frente. Después de tantos años.
-¿Y por qué fue?-
Me sorprendió que me preguntara eso a mí y no a ella. Pero no me molestó, agradecí que fuera así porque me gustaba controlar la información que residía en la cabecita de mi hermana.
-Pues, Ona. Mamá hizo algo malo por accidente antes de que nacieras, y cuando tu naciste, algo malo pasó por ese accidente y tuvo que irse-
-¿Por eso dijiste que estaba muerta? ¿Tu sabías que estaba viva?-
-No Ona-
Todos estábamos sorprendidos. Onasis no se había alegrado o molestado porque nuestra madre no estaba muerta. Eso me hizo pensar que quizá esa hubiera sido la actitud más madura que pudo haber tomado. Y quizá yo debía haberme comportado así.
Onasis me miró, preguntándose que debía hacer ahora. Miraba a mi madre y veía que estaba llorando, frustrada y algo molesta, pues se imaginaba que Onasis saltaría a sus brazos en cuanto supiera que su madre estaba viva.
El silencio y la tensión duraron lo que para mí fue una eternidad. Todos mirábamos a Onasis esperando a que hiciera algo que determinara cómo se sentía, aunque todos lo sabíamos, excepto Bethanny. Sabíamos que Ona no estaba feliz, al contrario, le parecía tan falto de importancia que esperaba mi señal para poder irse a su habitación o a ver televisión.
-Charlie, creo que deberíamos salir- Dijo Damián al fin, rompiendo el silencio.
-Claro- Dijo mi madre sorbiéndose la nariz, aún con la mano en la boca. Él le puso una mano en la espalda y la sacó de la habitación. Volteó a mirarme, sonrió y asintió para salir tras ella.
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